EL KYBALION: Primer Gran Principio

El Kybalion:
 

Primer Gran Principio:

 
 El Mentalismo:
 
 Origen de la Creación, Misterio de la Mente
 y Ciencia del Pensamiento.
 
Todo es mente;
el Universo es mental y
 somos tal cual pensamos”
 
*(Para mejor comprender este Misterio
 su contenido se fragmentará en cuatro entregas)
 
(1ª)
 

Coincidiendo con la teoría einsteniana de que “el Universo es mental y los pensamientos son cosas”, hace 5.000 años ya decía El Kybalion en su primer axioma sobre la Mente y el Universo:

 
«El Universo es una creación mental
sostenida en la Mente del Todo.»
 

Cuento dos casos que ayudan a interpretar este artículo. El primero ha quedado grabado en los anales en la investigación sobre las curaciones espontáneas. Se debe al doctor Bruno Koper, profesor del Hospital de la Universidad de Boston.

 

Kloper trataba a J. Wright de un cáncer linfático en estado terminal. Sin esperanza de supervivencia Wright se enteró de un nuevo fármaco –Krebiozen– que curaba su cáncer y pidió insistentemente que se le administrara.

 

Al no ser posible su administración por no haberse experimentado en humanos Kloper decidió darle un placebo diciéndole que era Krebiozen. Sorprendentemente en pocos días el moribundo tomó un aspecto radiante, había abandonado la cama y las masas tumorales de todo su cuerpo se habían reducido hasta casi desaparecer. A las dos semanas fue dado de alta, al mes hacía vida normal en su domicilio. Y las pertinentes revisiones mostraron una inexplicable curación de la enfermedad.

 
 

La Medicina había sido testigo una vez más de una curación espontánea desconcertante. Y aquí se repite lo que nos contaba Andrés en su caída desde el andamio: que el pensamiento de una Inteligencia Interior le había dicho que curaría; porque tanto Andrés como J. Wright habían curado por fuera de los cánones de la ciencia convencional, y muy por encima de lo que puede asimilar y admitir la lógica racionalizada.

 
 

Esa Inteligencia Interior que organiza la curación procede de la Mente Superior que rige el Gran Principio del Mentalismo, dueño de la Creación y Ciencia del Pensamiento. Y por el Misterio de su Poder, un pensamiento se convierte en una molécula que sana porque, en la Psico-Neuro-Inmunología, la Mente regida por la Ley transmuta la no-materia en materia sanadora por ser Ella el Proceso que manifiesta lo no manifestado y expresa la Voluntad y el Poder de lo Infinito.

 
 

El Poder de este Principio vuelve a manifestarse en otro caso insólito que vivió el Psiquiatra J. Blake en el hospital de una cárcel de los Estados Unidos. En 1997 llevó a cabo un experimento con un preso condenado a muerte, al que explicó que había solicitado, y las autoridades le habían concedido, la posibilidad de ejecutar la sentencia de una forma más “aceptable”. Le aplicaría una técnica indolora, e incluso gratificante, que le explicó iba a ser optativo a partir de entonces para los condenados a muerte en las cárceles americanas. El preso –J. W. L.– accedió, al entender que no sufriría y que sólo sentiría cómo entraba en un sueño reparador y agradable.

 

Blake colocó al preso en una camilla dejando que sus brazos colgaran fuera de su vista diciéndole que sólo le harían unos pequeños cortes en las muñecas para que la sangre cayera lentamente en dos recipientes colocados en suelo cerca de sus manos; se desangraría lentamente y entraría con un dulce sopor en la muerte.

 
 

Pero Blake no le hizo ningún corte; sólo le arañó superficialmente con un bisturí sus muñecas sin que llegara a sangrar. El preso vio el bisturí pero no vería los cortes.

 

Inmediatamente después de la supuesta incisión, se hizo resbalar por sus manos de forma continua un hilo de agua templada. J. W. L. se fue quedando dormido poco a poco. Y cuando el agua que caía por sus manos en los recipientes alcanzó los cinco litros –que es la cantidad de sangre aproximada que tenemos–, murió.

 

Es otra muestra impresionante –muy impresionante– del poder de la mente, y de que, como dicen el Kybalion y la Nueva Ciencia, “somos y nos pasa lo que ‘el pensamiento claro’nos dice que nos va pasar”. Más adelante veremos qué es el pensamiento claro.

 

Siegel ha mostrado en las revistas científicas más elitistas del Mundo que el 90% de nuestras enfermedades serían curables de seguirse las Técnicas Herméticas Mentales (THM) practicadas por los brujos, magos e iniciados de las más antiguas civilizaciones del mundo. Todas ellas las iremos viendo y analizando.

 
 
 
 

El Universo mental y la paradoja de Einstein

 

Las investigaciones de Einstein, la Biología Cuántica, y su Psico-neuro-inmunología manifestaron la realidad científica del Mentalismo al demostrar por qué una madre era capaz de levantar con una sola mano el carro que iba atropellar a su hijo.

 

Y la ciencia tuvo que reconocer, por fin, el axioma mental de que un pensamiento –que no es materia– podía transmutarse en materia; de hecho, y en este caso, en una molécula material de adrenalina.

 

Esta transformación de la no-materialidad en materia fue lo que impulsó a los más sabios –a los de antes y a los de ahora– a decir que “los pensamientos son cosas”, y que “el Universo, visto desde el prisma cuántico, ha dejado de ser una máquina para manifestarse como un pensamiento”.

 

Porque unidos los físicos y los místicos han comprobado cómo las más recientes conclusiones de la Nueva Física ya estaban escritas y detalladas en los renglones codificados de los Libros Sagrados.

 

Y que los pensamientos sean cosas pone de manifiesto un Universo material creado por una Mente Superior Pensante. Una Mente que desveló el Principio del Mentalismo sólo a aquellos pocos que eran capaz de entender lo que más tarde serían los conceptos básicos de nuestras curaciones espontáneas:

 

1.- Que nuestra mente es el instrumento de nuestra conciencia.

2.- Que la conciencia –la ciencia del conocimiento– es el instrumento del espíritu.

3.- Que el espíritu es el instrumento de Dios.

4.- Y que Dios es el instrumento del Todo.

 

Por lo tanto nuestra mente es el instrumento del Poder Supremo de Dios y del Poder Supremo del Todo, y sólo quien acepte esto se pondrá en condiciones de acceder al Gran Secreto.

 

El Nuevo Paradigma y la Mística Cuántica

 

Cuando la Nueva Física del siglo XX empezó a estudiar en las partículas atómicas del mundo de “lo más pequeño”, comenzó a vislumbrase una nueva realidad –misteriosa y al parecer imposible– que daba al traste con los hasta entonces principios incuestionables sobre la materia, sobre la vida, y sobre el mundo.

 

Era una visión nueva del Universo; una visión nueva del hombre y de su entorno tan desconcertante, que se convirtió en un contrasentido para la capacidad de comprender de los científicos convencionales.

 

La palabra que se utilizó para definir la situación fue paradoja, y cuanto más intentaban aclarar cualquier hallazgo, más grande se hacía la paradoja. Y en su necesidad de comprender, se comprobó que ni la razón ni las maneras de sentir y de pensar eran capaces de alcanzar los conceptos básicos de esa nueva realidad.

 

Todo empezó cuando Einstein, Plank, Bohr… y Heisenberg, se propusieron estudiar ese mundo de lo muy pequeño, cuando se empezó a investigar el mundo del espíritu en la materia. Lo decía Heisenberg: “¿Es posible que la Naturaleza sea tan absurda como nos lo parece en estos experimentos? (…) Estamos descubriendo una nueva realidad, que aunque amenace los cimientos de la Física nos introduce de lleno en una nueva Existencia”.

 

Los ilustres de la ciencia necesitan “crecer” para comprender y aceptar que esas paradojas sólo son demostraciones de la insuficiencia de su mente racional; sólo son consecuencia de las limitaciones de una mente que, aunque analiza las causas y los efectos, es incapaz de alcanzar en sus laboratorios los niveles operativos de la conciencia superior y del espíritu. Porque hay que dar “a la ciencia lo que es del Cesar, y a la conciencia de la Nueva Física lo que es de Dios”. Y Einstein lo corrobora al decir: “necesito comprender los pensamientos de Dios; el resto son detalles”.

 

La Nueva Física impuso un cambio tan radical en los conceptos fundamentales que regulaban la ciencia y la vida, que incluso el mundo dejó de ser una enorme máquina para convertirse en un mundo vivo, indivisible, inteligente y dinámico cuyos integrantes aparecían interconectados en un proceso único, universal y desconcertante.

 

Utilizaré alguna vez más este comentario de Niels Bohr: “Cuando intentamos aislar los componentes últimos de la materia, estos se convierten en abstracciones; no son nada, o mejor, ‘no pueden ser’ nada porque no tienen la posibilidad de ser algo; la única manera de poder definirlos y de observar sus propiedades es a través de las interconexiones y de las interdependencias que establecen entre ellos; que son las mismas que establecen con su entorno y con el entorno de su entorno”.

 

Con las cosas así había que olvidarse del “ahí fuera”. Porque todos los integrantes de cualquier fenómeno y de cualquier manifestación se presentaban integrados en un “solo dentro”. Y hasta tal punto, que si alguno de los que participaban en el experimento se excluía, si se disociaba del conjunto observador-observado, ese fenómeno físico desaparecía del campo de investigación. Se vio que no somos “cosas” físicas independientes, sino “conexiones con cosas”, a su vez interconectadas con otras cosas que completan un único y exclusivo Todo vivo.

 

Así es el mundo de “lo muy pequeño” de la no-materia; y por ser así, fue el Origen del mundo de “lo pequeño”, a su vez origen del mundo de “lo mediano” y del mundo de “lo grande”.

 

En relación con ese mundo de lo muy pequeño de la no-materia, que muy bien pudiera ser el campo cuántico del espíritu, David Bohn, de la Universidad de Londres, en su libro sobre cuántica publicado en 1951, ya demostraba la interrelación entre los procesos de la Nueva Física con los procesos de la Mente y de la Conciencia. Lo corrobora antes James Jean: “El universo, visto desde el nuevo prisma, ha dejado de presentarse como una máquina para presentarse como un pensamiento”. Hasta tal punto se ha desarrollado este concepto de interconexión con el Universo que hoy se considera a la mente humana imprescindible no sólo para que se produzca un proceso cuántico, sino para determinar sus características, e incluso su resultado.

 

La evolución y el resultado de los acontecimientos en la física de la no-materia están tan vinculados a las intervenciones mentales del experimentador, a su vida, a sus sensaciones, pensamientos e incluso a su voluntad, que cambiaría el proceso, y por tanto su resultado, si en algún momento ese observador fuera sustituido por otro. Lo comprobaremos fuera de los laboratorios de la ciencia cuando hablemos de los fenómenos místicos de Fátima.

 

En las experiencias cuánticas –en los fenómenos del espíritu–, la persona se convierte en parte integrante del proceso y tiene que participar necesariamente en su manifestación. Si no hubieran estados “esos tres” pastorcillos en Fátima habría sido imposible que se diera “ese” fenómeno místico. Porque somos participantes y responsables directos de todo lo que surja del Campo Cuántico de la Potencialidad Pura y de Todas las Posibilidades, que es elcampo del espíritu y el campo de los “milagros”. Por eso fue dicho: “Tu fe –tu participación activa en el proceso milagroso– te ha salvado”.

 

Fritjof Capra lo ratifica en su “Tao de la Física”: “Las estructuras básicas del mundo material están determinadas por la manera que pensamos este mundo, y los modelos de la materia que observamos en el mundo son un reflejo de los modelos de nuestra mente”. Respaldándolo, el antiguo principio metafísico ya decía que “Los pensamientos son cosas”. Pero, ¿realmente los pensamientos son cosas?… Sí, pero solamente se convierten en milagrosos los “pensamientos claros”, los pensamientos superiores en los que no intervienen ni la voluntad del ego ni el apego al resultado. Lo veremos más adelante.

 
 

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