La Sabiduría Hermética en las curaciones espontáneas

Siguen dormidos los que rechazan las curaciones espontáneas por ser ajenas y contrarias a la ciencia y a la razón. Y duermen porque todavía la ciencia y la razón les marcan los límites entre lo posible y lo milagroso.

 

El secreto de esas curaciones siempre ha permanecido oculto por los velos de un Misterio que se aclara sólo a la luz del Conocimiento. Nuestro reto es alcanzar el Conocimiento de ese Misterio que hace miles de años ya desvelaba el Rig Veda (IV, 2, 1):

 

“Ser inmortal entre los mortales...

Él, el Dios instalado dentro, es la energía que elabora

los poderes divinos en los humanos”.

 
 

En este Ser instalado dentro y que nos envuelve –que encarna en nosotros el Gran Poder de la Sanación– se basa la Sabiduría Hermética para decir que TODO SE PUEDE CURAR. Vamos a verlo.

 
(1)
Una ciencia que empieza a “ver”
 
 

Lavida es espíritu, y el hombre es un ser espiritual. Si el espíritu abandona el cuerpo, se va la vida y el hombre desaparece. Hay una Vida superior a la humana que es Infinita, y si el hombre se abre a Ella recibirá la energía del Poder Salutífero del Universo.

 

Esa Vida es el océano por el que navegan todas nuestras vidas, y sus calmas y tormentas nos influyen en la salud, en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo. Lo mismo que las olas son el Mar, nuestras vidas son la Vida.

 

La experiencia con miles de pacientes me dice que un cuerpo enferma menos si el espíritu fluye por él libre de agobios físicos y mentales. Porque aunque todos tengamos que morir, en ningún sitio dice que tengamos que enfermar.

 

La Ley Universal y los Principios pilares de las curaciones espontáneas demuestran que “toda vida nace de dentro a fuera”; por eso nacemos de dentro de nuestra madre. Todo lo manifestado, todo lo que es, lo que ha sido, y todo lo que será ha de cumplir el gran axioma de que todo nace de dentro a fuera.

 

Este ir “de dentro a fuera” Einstein lo llamó Coordenada del Espíritu –la Cuarta Dimensión, la de dentro- por descubrir en ella la Causa y el Origen de todo. Las primeras Tres Dimensiones -el arriba-abajo, el derecha-izquierda y el atrás-adelante-, las dimensiones del vivir de cada día las consideró tan sólo coordenadas de la Materia, las de los efectos, las de fuera. La Ley, los herméticos y los cuánticos coinciden en que lo de dentro manda, condiciona y manifiesta lo de fuera.

 

Otra de estas leyes –iremos conociéndolas todas– desvela que “a tal causa tal efecto, y así lo interior así lo exterior”. Nuestro origen, nuestra causa –nuestra esencia interior– es el espíritu, y su efecto –nuestro exterior – es la materia que llamamos cuerpo; y dependiendo de la facilidad con la que el espíritu fluya por el cuerpo estaremos sanos o enfermos.

 

Nuestros pensamientos y emociones contrapuestas –el odio y el amor, la ira y la templanza, o el miedo y el sosiego– se van a reflejar en un estado físico bueno o malo. Yo les llamo virus y vacunas del alma. Y aunque la ciencia convencional empieza a encontrarlos en sus laboratorios, la Ciencia Hermética ya los conocía, los trataba y los curaba hace miles de años. Porque conocerlos es la única forma de combatirlos, vencerlos… y sanar.

 

En mis primeras prácticas como estudiante llegué tiempo de disfrutar de las últimas docencias del Profesor Marañón. En una inolvidable sesión clínica me sorprendió escucharle, “Señora mientras no perdone a su padre no podré curar su reuma”.

 

Y que Marañónsigue siendo una luz en los recovecos más oscuros de la salud y la enfermedad lo comprobamos en los laboratorios de Fisiología de las universidades más importantes del Mundo. Los virus y las vacunas del alma ya son una realidad científica y se les empieza a dar la importancia que tienen y les corresponde. Tres ejemplos:

 

a)                  Si en una habitación a 35º se hace correr en una cinta sin fin a voluntarios bajo el estrés de diferentes estados de ánimo –estados del alma–, y a continuación se analiza su sudor, se podrá conocer el tipo de emoción que les domina. Porque este sudor inyectado a ratones, a unos les vitalizará y a otros les enfermará según la calidad del sudor inyectado. El hallazgo también es positivo en el análisis de la saliva. Los sudores de la ira y del rencor fueron los que más enfermaron a los cobayas.

 

b)        Al tratar con ácido selénico la transpiración de un criminal tras cometer el delito, el sudor se pone rosa; efecto que no aparece en el sudor de una persona sin ánimo asesino: Lo de dentro se manifiesta fuera, es la Ley

 

c)       Incluso el disgusto de una madre puede envenenar su leche y enfermar al bebé que esté amamantando.

 

Lo mismo sucede con los sentimientos gratificantes como se comprobó en tres conejos curados de asma al ser los únicos que –por la proximidad a su silla– acarició durante un mes el celador del laboratorio. Llevo muchos años percibiendo cómo cura el cariño, cómo enferma el rencor, y cómo el espíritu vivifica la mente y el cuerpo.

 

El médico que consiga anular los virus del espíritu no sólo podrá curar lo incurable, también podrá evitar las enfermedades que se incuban en los “adentros”. Y cada enfermo podrá convertirse en la mejor medicina para su médico trabajando sus propias vacunas. Quien practique sus virtudes anulará sus defectos; y este cambio le aportará la salud y el sosiego durante toda su vida.

 

Así de poderosos e influyentes son los estados del alma en los estados del cuerpo. Y a medida que cada cual los descubra y los trate, notará cómo mejora la calidad de su vida y su cantidad de salud.

 

Y como lo interno crea y regula lo externo, la diferencia entre una persona evolucionada y otra que no lo esté, será que la primera será capaz de unirse voluntariamente con la Energía central y la otra no. Al contactar y vibrar en esta Energía –que es el Poder Salutífero del Universo– la persona curará de cualquier enfermedad incurable. De ahí que todos tengamos el compromiso y la necesidad de acelerar el ritmo de nuestra evolución.

 

Es hora de que los médicos y los enfermos hagamos examen de conciencia, y valoremos la insospechada eficacia de esta “Nueva Medicina” con la que ya curaba Jesús hace más de 2.000 años, y hace 5.000 los más antiguos taumaturgos de Oriente.

 

Pero esta Nueva Medicinasólo la podrá ejercer el médico nacido “artista” de la Medicina. Los mediocres no alcanzarán la gloria. A los médicos se refería Jesús cuando dijo: “En mi nombre echaran fuera demonios, hablarán nuevas lenguas; quitaran serpientes; si bebiesen cosa mortífera no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán.”. Porque Él ya había abierto el camino al viajar “por toda Galilea predicando y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”.

 

Esas curaciones propiciadas desde siempre por médicos, santos y profetas son las curaciones espontáneas que vamos a investigar.

 
 

La Sabiduría Oculta de las curaciones espontáneas

 

“Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado

ni secreto que no haya de descubrirse”

(JESÚS DE NAZARET)

 
 

Todo lo bueno y lo malo vivido desde que nacimos, lo bueno y lo malo que vivieron nuestros antepasados, y lo que vivirán nuestros descendientes, todo, sin excepción, se encuentra controlado y dirigido por el Poder y la Sabiduría de los Grandes Principios del Universo.

 

En la Conciencia de este Universo y en nuestros genes –en nuestro ADN espiritual o si lo prefieren en el espíritu de nuestro ADN– se encuentra el maná con el que alimentar cada día elGermen de Saludque todos llevamos dentro; y sólo crecerá en un nivel de conciencia superior que alcanzaremos con el cumplimiento de las leyes y los Principios que alcanzaron y cumplieron los elegidos.

 

Elevar el nivel de nuestra conciencia debería ser la obligación a imponernos cada mañana por ser la Conciencia el fundamento del poder salutífero que buscamos. Para conseguirlo –y como inicio– valgan estas leyes que iremos ampliando según las necesidades del momento. Léalas con detenimiento, repáselas muchas veces y practique. Cuando las domine –vencido el ego– habrá entrado en armonía con el Infinito y actuará en usted el Poder Salutífero del Universo. Se llaman leyes menores, y son estas:

 
 

.- Intente olvidarse de las creencias, de los prejuicios, y de las opiniones inculcadas que le enfrenten con los demás.

 

.- No intente controlar a las personas, a las cosas, ni a las situaciones de su entorno.

 

.- Despreocúpese de la aprobación o del repudio de los demás, y de cómo puedan valorarle.

 

.- No ejerza su poder externo. No sea político.

 

.- No haga juicios de valor sobre nada ni sobre nadie. No juzgue, ni aún con el pensamiento. Cuando la sabiduría de la justicia y la del juez son infinitas, el veredicto siempre es el perdón.

 

.- Pase momentos en la Naturaleza; sus murmullos les llevarán a ese Silencio todopoderoso que no encontrará en su hábitat de cada día.

 

.- Elimine el apego a todo. A las situaciones, a las cosas y a las personas.

 
 

La búsqueda de cualquier seguridad es un apego a lo conocido y al pasado; y nada del pasado le permitirá evolucionar hacia el espíritu. Haga lo que haga hágalo sin apego al resultado. En eso se basa la Sabiduría de la Incertidumbreque nos alimenta con el maná del Campo de las posibilidades Infinitas, de donde todo sale, y donde todo es posible.

 

Y practíquelo para hacerse acreedor a la deuda que tiene con usted y con su salud el Infinito. Porque nosotros no le elegimos, es El quien nos eligey decide a quien otorga su Gracia.

 

En el cumplimiento de estos puntos está el secreto, y por eso dijo el Sanador nazareno que “no hay nada oculto que no haya de manifestarse, ni secreto que no haya de ser descubierto”. Un secreto –llámenlo alma o espíritu escondido en la materia– que guardamos cada uno bajo cien capas y que tiene los poderes del Universo.

 

Aquí vamos a descubrirlo y alimentarlo para que germine y fructifique, que fue dicho “por sus obras les conoceréis”. Y cuando germina, los demás lo reconocen, se sorprenden, y nos llaman milagrosos.

 

Cada cual deberá buscar un conocimiento y una solución acorde con su problema, en la seguridad de que, antes o después, encontrará la Sabiduría y el Poder que lo solucione.

 

La cuestión está en capacitarse para buscar y ponerse en condiciones de aprender. Y de practicar los siete principios menores que acaba de leer. Los otros, los Principios Mayores, los de El Kybalion, los conoceremos en su momento para que el que busque sepa lo que busca y se ponga en condiciones de encontrarlo. Lo demás lo tendrá por añadidura, y esta añadidura otorga el secreto de la curación.

 

Pero alcanzar el conocimiento de lo sagrado siempre ha estado sujeto a normas herméticas de protección, tanto por seguridad de la propia Sabiduría como por la seguridad de los iniciados que la guardaban: “El espíritu de persecución aun no ha muerto en la Tierra…, y volverían a correr el riesgo de ser crucificados”.

 

Como siempre que no consigo explicar con rigor lo que pretendo decir –y lo hago como norma en estos temas– recurro a Hermesy a Los Tres Iniciados de El Kybalionque siempre están ahí para arreglar mis descosidos.

 

     Dicen en su prologo de la Editorial Sirio:

 

«Han existido siempre los pocos que cuidaron el altar de la verdad, sobre el cual conservaron siempre ardiendo la lámpara perpetua de la Sabiduría. Esos hombres dedicaron su vida a esa labor de amor. Ellos no buscaron ni la aprobación popular ni acaparar gran número de prosélitos. (…) Ellos “reservan la carne para los hombres” mientras que “dan leche a los niños”, conservan sus perlas de sabiduría para los pocos elegidos capaces de apreciar su valor y de llevarlas en sus coronas, en vez de echárselas a los cerdos, que las mancillarían y las pisotearían en el cieno de sus chiqueros. (…) Mas estos hombres no han olvidado aún los preceptos respecto a la transmisión de estas enseñanzas a los que estén preparados para recibirlas: “Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlo con sabiduría”,por eso su actitud habitual ha sido que “los labios de la sabiduría permanecerán cerrados, excepto para el oído capaz de comprender”.»

 
Esto es lo que les quería decir yo.
 

Lo que van a leer habría sido incapaz de escribirlo hace cinco años; y aún en el supuesto de haberlo hecho, estoy convencido de que usted no lo hubiera leído; y aún en el caso de leerlo, es seguro que lo habría hecho bajo otro prisma, con otra mentalidad y con otros intereses.

 

No soy experto en simbología astral y mucho menos un sociólogo del Zodiaco; pero cuando los medios empezaron a divulgar los cambios vivenciales que nos traería la Era Acuario con respecto a la extinta de Piscis, me propuse investigarlos con mis enfermos en las dos situaciones claves del humano: la enfermedad terminal y la muerte. Después de un lustro puedo decir que he observado en muchos de ellos un cambio sorprendente en la forma de interpretar su vida y en la forma de trabajar su enfermedad y su muerte. Porque la enfermedad y la muerte, al igual que la vida, tenemos que trabajarlas.

 

Me han dicho los que saben de estas cosas que la Era Piscis se caracterizó por facilitar astralmente poderes externos a ciertos grupos de presión doctrinal que anulaban nuestra capacidad para pensar y decidir sobre cuestiones tan transcendentales como la enfermedad, la vida y la muerte. La consecuencia fue una vida, una muerte y una espiritualidad bajo control, que sólo en los últimos años tiende a suavizarse, e incluso a tomar visos de desaparecer.

 

Sin embargo la Era Acuario –a mi me lo está pareciendo en mi experiencia profesional con enfermos terminales– ha traído un ideal de libertad, y una necesidad de auto-conocimiento que sólo podremos encontrar, sin imposiciones, en los caminos que marque la Naturaleza Superior que nos habita.

 
 
 
 

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